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María José Mures
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Autora
María José Mures
María José Mures (Córdoba, España) es poeta y maestra especializada
en Pedagogía Terapéutica y habilitada en Educación Infantil por la UNED.
Cuenta además con un máster en Logopedia, especializado en la
rehabilitación de los trastornos del lenguaje y el habla, por la
Universidad Politécnica de Cataluña.
Comenzó a escribir poesía a los doce años, cuando uno de sus primeros
poemas fue premiado en el Instituto Francisco de los Ríos. Su obra
poética se caracteriza por abordar temas como el amor, el desamor,
los celos, la sensualidad y el erotismo. Parte de su obra ha sido
traducida al portugués y al francés.
Ha publicado los libros:
- Antes del Amor (2001).
- Zahorí, Leyendas (2004).
- Cambalache (2005).
- Primer Labio (2018).
A lo largo de su trayectoria ha recibido diversos reconocimientos
literarios, entre ellos premios de poesía en Alfafar, el V Concurso
Nacional de Poesía Caños Dorados y el III Premio de Poesía Maya
Hunbatz y Hunchouén, en Guatemala. En 2024 fue finalista del
I Certamen Literario Caleidos Arte.
Su obra ha aparecido en revistas nacionales e internacionales,
publicaciones digitales y más de cincuenta antologías de poesía y
microrrelato. También ha participado en numerosos encuentros y actos
literarios en España y Portugal. Es miembro de la Asociación Andaluza
de Escritores y Críticos Literarios.
Esa mañana me levanté con un andar undoso. Me dirigí a la cocina para
desayunar; necesitaba una taza de café. Solo él es capaz de despertarme
y llevarme a la realidad.
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Taza de café y platillo de porcelana, obra de Léon Kann (1898–1900),
expuesta en el Petit Palais de París. Fotografía: Jean-Pierre Dalbéra /
Wikimedia Commons, CC BY 2.0
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Era un día lluvioso y, cuando llueve, el olor a café dura más por la casa.
Abro el frigorífico, creo, y no había nada para llevarse a la boca.
Hoy era verdad: no había nada. Cojo mi bolsa y bajo al supermercado.
Una cara conocida me saluda:
—¿Cómo está usted, Soledad?
—¡Muy bien, porque ya sé cómo me llamo!
Regreso, preparo mi desayuno y vierto todo el café en la taza, que rebosa.
No puedo parar mi mano, no tiene freno. Algo me falla, y vierto y vierto...
No pasa nada. Paso el paño de cocina y se limpia, como siempre.
Busco el trapo, pero no lo encuentro.
El café queda olvidado en la mesa y, mientras está caliente, desprende ese
magnífico olor. Pero ¿quién iba a pensar que duraría tan poco antes de
caerme al suelo para siempre?