La metamorfosis del individuo en un acto
Proceso por medio del cual un personaje transforma su apariencia física y otras, para adecuarla a su identidad psicológica. El proceso de metamorfosis no es nada más que el esfuerzo para escapar de la condición humana.
Nada crece en la oscuridad; aun lo bueno y lo malo necesitan la luz.
Primero, hablemos del ego desde el filósofo Jean-Paul Sartre: «El ego es una constitución de la conciencia y no una entidad trascendental o absoluta». Pero ¿qué pasa cuando el ego elevado hace prisionera a la conciencia, se vuelve entidad absoluta y actúa como tal? Esto representa un estado extremo de alienación y autoengaño. Este proceso limita drásticamente la libertad fundamental de la conciencia y perpetúa la «mala fe». Es decir, el autoengaño en el que el individuo se niega a aceptar su propia libertad y responsabilidad.
Por ejemplo, al hablar de infidelidad de pareja, el infiel puede estar actuando de mala fe si se niega a asumir la plena responsabilidad de su comportamiento, justificando sus acciones con excusas como «esto es parte de mi naturaleza» o «no tengo control sobre mis deseos».
Esta es una forma de autoengaño, ya que ignora la libertad radical que cada persona tiene para tomar decisiones conscientes y responsables. El infiel puede intentar «fijar» su identidad con base en una justificación (como una necesidad emocional no satisfecha). Este individuo puede tratarse a sí mismo y a su pareja como objetos. La persona que comete infidelidad puede cosificar su conciencia, viéndose a sí mismo como alguien que «necesita» buscar validación o excitación fuera de la relación, así como el asesino cosifica a sus víctimas y se deshumaniza.
También se extiende a la pareja engañada, ya que el infiel puede ver a su pareja como un objeto estable y fijo que está ahí para cumplir con ciertos roles (por ejemplo, «esposo/a», «proveedor/a», «padre/madre») sin reconocer su libertad y humanidad.
Además, la infidelidad puede verse como una forma de evitar la responsabilidad emocional. En lugar de ser libre para decidir honestamente cómo quiere manejar los problemas en la relación, el infiel actúa como si estuviera limitado por sus deseos o por la situación, lo que lleva a un estado de alienación y pérdida de autenticidad en su vida (doble vida). Ansiedad, tensión, malestares físicos, distorsión de la realidad objetiva.
El infiel, al no estar en paz consigo mismo o con su relación, puede depender de la validación externa para alimentar su ego elevado, buscando en la infidelidad una forma de confirmación de su valor, atractivo o poder (siempre se busca en los ojos de otros).
Pero esto va más allá cuando el infiel comienza a culpar al victimario y le dice cosas como:
1. Tú eres la culpable de que yo sea infiel.
2. Tú no eres bueno sexualmente.
3. Tú no me entendías.
4. Me tratabas mal.
5. Eres indiferente.
6. Eres una persona muy aislada, que no te metías en mis cosas.
Una cascada de críticas, leña del árbol caído. Generalmente, estas personas (víctimas) no sospechan o, si sospechan, no son capaces de avanzar, ya que han depositado su confianza y su amor o tienen la esperanza de que no va a pasar; tienen que asumir una culpa injusta.
La persona que es infiel no se hace de un día para otro. Existe un proceso en el cual la persona que es infiel se desenamora mientras ya se está enganchando con el tercero o tercera. Durante este proceso pudieron haber otorgado un derecho: a la información; no esperar tanto para decir: «Estoy en un nudo constrictor (nudo molinero)». Dar paso a esta información implicaría ser muy valiente, tener una connotación moral y ética (y esto la pondría en contra de su propio ego).
A la hora de la verdad, la fidelidad no es que no te guste nadie, no es ausencia de deseo; la fidelidad es autocontrol y evitación a tiempo. Tú eres responsable de tu decisión y consecuencias, todas.
Todos tenemos el derecho de información a tiempo. Y comienzan así, para el infiel, las sucursales sexual-afectivas.
Analicemos algunas reacciones:
1. Se aleja de ti para contestar. Este comportamiento nos dice que está manteniendo conversaciones que no quiere que veas y escuches; privacidad extrema. Cuando preguntes al respecto, notarás irritación.
2. Se altera con situaciones insignificantes. Se altera, preocupa o tensa más de lo normal en situaciones cotidianas; refleja un estado emocional alterado por una doble vida. Sentimientos de ansiedad donde no debería haber motivo para hacerlo; la culpa y el estrés los hacen prisioneros y los hacen reaccionar de forma exagerada.
3. Evita el contacto contigo. Incluye poder quedarse a solas, evitar muestras de cariño y rehuir los encuentros sexuales. La culpa y el conflicto interno lo llevan a evitar la intimidad contigo (ya tiene una nueva sucursal sexual-afectiva).
4. El cariño por ti disminuye. Refleja una desconexión emocional y física, falta de entusiasmo en sus muestras de afecto (todo esto está dirigido a otra parte). Y entre más esté lejos de ti, menos culpa siente.
5. Inventar horas extra y las salidas con amigas se convierten en coartadas perfectas para ocultar algo. La frecuencia aumentada de estas salidas muestra una cantidad significativa de tiempo a alguien más.
6. Teléfono en silencio cuando está contigo.
7. Siempre quiere discutir. Siempre está alerta y lista o listo para iniciar una discusión (todo le parece mal). Está a la defensiva para desviar la atención de su propia culpabilidad o crear distracción, y esto le permite tener el control de la situación. Puede usar las discusiones como una forma de justificar su distancia emocional o sus cambios de comportamiento (culpa a otro y no es responsable; el ego se apoderó), utiliza las discusiones para hacerte sentir culpable y evitar ser juzgado(a) o confrontado(a) por sus acciones.
8. Pide tiempo. Al pedir esto, se crea un espacio para explorar todo en su nueva relación sin la indagación constante de su pareja. Lo equívoco y la contradicción (anfibología) en sus razones reflejan lo incómodo y lo difícil de mantener la mentira. Este tiempo le permite gestionar sus emociones y lo complejo de llevar una doble vida con su nueva sucursal sexual-afectiva.
Me despido con esta reflexión:
En la oscuridad de la mentira y el engaño, nada verdadero puede florecer. Tanto lo bueno como lo malo necesitan ser iluminados por la verdad, porque solo a la luz se ven las consecuencias de nuestros actos. Al ocultar la realidad, incluso aquello que parece atractivo se marchita en su sombra. Y, al final, no queda muñeco sin cabeza: tarde o temprano, todas las acciones tienen un costo, y lo que se construyó en la falsedad se desmorona, dejando expuestos los resultados de la traición.
Sesiones terapéuticas de varios pacientes infieles y víctimas.
