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Epístola al director

Fátima, 6 de abril de 2026

Estimado José:

Antes de abordar el tema de los festivales, impulsado por un comentario que enviaste el Día Mundial de la Poesía, quiero agradecerle la invitación al cierre del VI Festival Internacional de Poesía Nichita Stănescu. Espero les haya ido bien con los rumanos y los demás españoles: en la Piloto leímos cuatro, hubo un asistente, y Patricia y el ingeniero hicieron posible la lectura y su registro. También reconozco el diploma y celebro el de excelencia de Radio Intercontinental.

Pues bien, los festivales: el texto me dejó la inquietud, que saneé un poco leyendo Políticas y valores de los festivales literarios en el siglo XXI: el FILBA Internacional de Buenos Aires, de Gallego Cuiñas (2022). En esto, la Corporación, por años de experiencia, tiene aportes situados que deberían conocerse y los cuales, sin tratarlos a fondo, pongo como primer criterio. Sin embargo, quería comentarle unos asuntos, a modo de contribución, sobre los festivales, encuentros y ferias.

Lo primero es que en ellos se promueve y se autolegitima el valor cultural y la función social de la literatura en lo público. Esto, de la mano con la preservación, y más en poesía, de lo oral como instrumento precapitalista. Así como se influye en el campo literario, se refuerzan valores, propuestas y críticas (desde la elección del programa: The selection of texts is the selection of values: Guillory) que determinan la naturaleza del espacio; este se constituye como medio de reflexión nacional sobre el valor simbólico y la discusión del campo, en el cual actúan reproductores-creadores (escritor-editor-lector-librero-conferencista-agente). El intelecto (teoría), el trabajo (poiesis o reproducción) y la acción (praxis política) «se trenzan en un proyecto colectivo». Y, en la medida en que el libro sufra un performance, que baile con otras artes, se expande; el escritor produce el objeto literario y se convierte en «modo de producción o producto de sí» («aunque el espectáculo es el signo que mejor simboliza el fetichismo de la mercancía, la mejor mercancía del siglo XXI es el hombre: su subjetividad»): la importancia de la calidad o el afianzamiento de una poética en los invitados para no caer en el nombre como criterio de la obra (si bien es difícil separarlos). Toda esta «cadena de valores autorales, estéticos, temáticos y sociales del campo literario nacional y/o mercado global» repercute en la creación literaria y en la construcción del gusto.

Por otro lado, y lo menciona el comentario («Los auténticos críticos de la poesía son un peligro para los intereses de grupos de “poetas” que se sienten perturbados cuando se les dice que eso que están expresando no es poesía»), la necesidad de la crítica tanto desde el encuentro como desde los autores. Sin esta, se puede caer en la hinchazón de las lecturas en deficiencia de los oídos. Que estos espacios anuales levanten ensayos, crónicas y otras obras permite identificar, luego de los ajetreos y los cumplimientos, cómo se impactó la escena, qué dejó para lo continuo y cómo esto recupera o permite nuevas instancias. Menciono los ensayos porque permiten teorizar sobre ciertos problemas, y la crónica porque recupera lo vivido; la ficción trata a los festivales de modo tal que los eterniza. De este modo, propongo abrir una especie de buzón o nicho de publicaciones durante el 10.º Encuentro; que no solo pasen las lecturas anteriores al mismo, sino que este permita la lectoescritura a partir de la temática y de los recitales brindados: se masifica la participación y se permite dirigir la mirada sobre un antes y un después de este, mediando las palabras con el Encuentro.

Como dije al inicio, y la misma carta es intención amigable, la experticia del equipo organizador vale más y se sustenta, en estas cuestiones, en el trabajo. Dejo sobre la mesa una propuesta que tiene como antecedente una dinámica del FILBA.

Le deseo un feliz inicio de semana.

Alejandro Zapata Espinosa