Camilo Moncada: Del webcómic a IDW
Camilo Moncada Lozano, también conocido en internet como Shi-Gu (1994, Ciudad de México), es un artista y creador mexicano detrás de Codex Black —Códice Negro—, una obra que comenzó como webcómic publicado en internet y que, después de años de trabajo constante, terminó dando el salto a la novela gráfica. Animador, ilustrador, historietista y artista visual, Camilo Moncada ha construido una identidad difícil de separar de dos mundos aparentemente distantes: por un lado, la historia y la iconografía del México prehispánico; por otro, el anime, el manga, los videojuegos y aquella cultura de internet de principios de los años 2000 en la que una generación completa de artistas comenzó a mostrar sus trabajos sin necesidad de pasar primero por una galería o una editorial.
El nombre Shi-Gu surgió cuando Camilo tenía alrededor de diez años y cursaba cuarto de primaria. Ni él mismo recuerda otorgarle entonces un significado especial: simplemente era un nombre que había inventado y que le gustaba.
Por aquellos años comenzó a tomar un curso de animación impartido por el padre de uno de sus amigos. Con sus compañeros empezó a producir pequeñas animaciones que posteriormente subían a Newgrounds, una de las plataformas emblemáticas de la cultura de internet de aquella época.
Sus primeros trabajos estaban relacionados principalmente con animaciones de sprites, videojuegos y fanarts. Era, como él mismo reconoce, un pasatiempo infantil. Sin embargo, detrás de aquellos experimentos ya comenzaba a aparecer algo que terminaría acompañándolo durante las siguientes dos décadas: el deseo de crear personajes, historias y un universo propio.
De Newgrounds pasó a DeviantArt. De las animaciones comenzó a avanzar hacia el dibujo y la ilustración. Y entre 2006 y 2007, todavía entre el final de la primaria y el comienzo de la secundaria, comenzó a imaginar proyectos vinculados con la mitología y con México.
Para Camilo, su trayectoria difícilmente puede separarse de esa primera cultura digital. No comenzó exponiendo en galerías ni esperando que una institución descubriera su trabajo.
Internet le permitió mostrar lo que hacía, conocer artistas, recibir comentarios y entrar en contacto con audiencias que podían encontrarse a miles de kilómetros de distancia.
Estilo
El estilo de Camilo Moncada muestra abiertamente sus influencias. El anime y el manga ocupan un lugar central. Entre las series que recuerda como particularmente importantes durante su infancia y adolescencia aparecen Shaman King, Inuyasha, Gurren Lagann y Fullmetal Alchemist. Los videojuegos también fueron una parte fundamental de aquella formación visual. Pero ese lenguaje comenzó poco a poco a encontrarse con otro universo: la iconografía mesoamericana.
Moncada ha dedicado numerosas horas al estudio de códices prehispánicos y de sus formas de representación. Obras como el Códice Borgia y el Códice Nuttall se convirtieron en referencias que no buscó simplemente reproducir, sino comprender e integrar dentro de su propia manera de dibujar.
El resultado es una estética en la que pueden convivir recursos que recuerdan al manga japonés con vestimentas, símbolos, arquitectura y composiciones inspiradas en las culturas mesoamericanas.
La construcción de Códice Negro fue lenta. Entre la idea inicial y el momento en que comenzó a dibujar formalmente las primeras páginas transcurrieron más de cuatro años.
Durante ese periodo Camilo imaginó escenas, diseñó personajes y acumuló notas en cuadernos. A pesar de trabajar ampliamente con herramientas digitales, continúa privilegiando la escritura a mano durante las primeras etapas de creación.
A ello se suma una investigación que rebasa ampliamente las búsquedas rápidas en internet.
Libros sobre historia, mitología y antropología; estudios sobre mexicas, zapotecos, mixtecos y mayas; artículos académicos; visitas a museos y zonas arqueológicas; fotografías de paisajes, arquitectura, vestimenta, joyería y piezas históricas conforman parte del archivo utilizado para construir el mundo de la obra.
Oaxaca ha sido uno de los lugares visitados en distintas ocasiones como parte de esta investigación visual.
También sigue el trabajo de arqueólogos e historiadores para mantenerse al tanto de nuevas investigaciones y de interpretaciones que puedan modificar ideas establecidas décadas atrás.
Incluso se ha formado a su alrededor una pequeña comunidad de artistas interesados en la representación de Mesoamérica.
Donají y una historia que debía ser “sencilla”
Curiosamente, Códice Negro no nació inicialmente como el enorme proyecto en el que terminaría convirtiéndose. Sus protagonistas procedían de ideas diferentes.
Donají, quien con el paso del tiempo se convertiría en uno de los personajes más reconocibles de Camilo, nació originalmente de una tarea escolar en la que debía escribir un cuento folclórico. De ahí surgió Donají y el poncho mágico de Chicahualiztéotl.
Otro de los personajes que posteriormente formaría parte del proyecto nació durante la estancia de Camilo en la Vancouver Film School, dentro de Black Feathers, un cortometraje de animación realizado como proyecto de graduación y planteado alrededor de una alegoría sobre la libertad. En algún momento ambas ideas terminaron encontrándose.
Camilo tenía entonces otro proyecto mucho más grande que llevaba años imaginando, pero precisamente su escala se convirtió en un problema. Antes de enfrentarse a esa historia quería adquirir experiencia contando algo más manejable.
Mientras investigaba más sobre el pasado mesoamericano aparecieron nuevos personajes, conflictos y posibilidades narrativas. La historia comenzó a crecer.
Y aquella obra pensada en cierta medida como preparación terminó convirtiéndose por sí sola en otro proyecto de largo aliento.
El valor del contraste
Uno de los elementos centrales de Codex Black es la convivencia de aventura, humor y momentos considerablemente más serios. Para Camilo Moncada, el contraste es una parte esencial del arte. Una influencia importante proviene nuevamente del anime: obras capaces de utilizar diseños aparentemente ligeros o caricaturescos y, al mismo tiempo, abordar pérdida, violencia, conflictos personales o situaciones considerablemente oscuras. Camilo intenta conservar ambos extremos.
Los momentos graves funcionan, desde su perspectiva, precisamente porque existe algo luminoso con lo cual contrastarlos. De la misma manera, el humor no significa que los personajes deban ser superficiales.
Esa combinación también ha provocado algunos malentendidos.
De Códice Negro a Codex Black
La primera gran audiencia de la obra no llegó desde una librería. Llegó desde una pantalla.
Camilo comenzó a publicar Códice Negro como webcómic en español e inglés mediante plataformas como Tapas y Tumblr. Cada semana aparecía una nueva entrega y debajo de ella comenzaban las conversaciones. Lectores comentaban lo sucedido, formulaban teorías y trataban de anticipar el significado de pequeños detalles.
En ocasiones, una pregunta de un lector lo obligaba incluso a regresar a sus libros y revisar nuevamente una referencia para poder explicarla. Historiadores, arqueólogos y otros artistas terminaron acercándose a su trabajo.
Algunas relaciones que comenzaron simplemente entre autor y lector acabaron incluso convirtiéndose en amistades.
Después de cerca de dos años publicando el webcómic semanalmente y de manera prácticamente ininterrumpida, recibió un mensaje a través de Tapas.
Una editora había encontrado su trabajo. Le gustaba. Y quería hablar con él sobre la posibilidad de publicarlo.
Las conversaciones que siguieron llevaron al paso del webcómic hacia la novela gráfica y a su publicación internacional con IDW.
Más allá de Codex Black
La relación de Camilo con el México prehispánico tampoco se limita a su propia ficción.
Fue invitado por Federico Navarrete a colaborar en Noticonquista de la UNAM, proyecto que buscó acercar al público a los acontecimientos ocurridos quinientos años atrás mediante una narrativa que presentaba la Conquista casi como si estuviera sucediendo en tiempo real.
También participó en trabajos relacionados con la digitalización del Lienzo de Tlaxcala y, desde la animación, colaboró con Atotonilco Studio en proyectos de videomapping sobre el patrimonio mexicano.
Su formación explica parte de esta variedad.
Después de terminar la preparatoria y tomarse un año sabático, estudió durante seis meses animación digital de personajes en Vancouver. De regreso en México trabajó como freelance y posteriormente ingresó a la Licenciatura en Artes Visuales de La Esmeralda.
Quería contar historias.
La animación podía exigir enormes presupuestos, equipos y periodos prolongados de producción. El cómic, en cambio, le permitía mantener un control mucho más directo sobre sus mundos. Un lápiz, papel y un escritorio podían ser suficientes para comenzar.
Eso no significa que haya abandonado los demás medios. Camilo continúa interesado en la animación, la ilustración, la escultura, el grabado, la cerámica e incluso en la posibilidad de explorar algún día los videojuegos. El medio puede cambiar. El universo permanece.
Una historia que apenas comienza
Dos libros no han sido suficientes para resolver los misterios de Codex Black. Y tres tampoco lo serán.
Actualmente Camilo trabaja en el tercer volumen, un proyecto particularmente exigente porque, a diferencia de los anteriores, está siendo producido prácticamente desde cero para la edición impresa. El guion ya se encuentra escrito y el autor trabaja simultáneamente en páginas a lápiz, entintado digital y color. Este volumen cerrará lo que Camilo considera el primer acto de la historia.
Los dos primeros libros tienen alrededor de trescientas páginas cada uno y el tercero podría rondar aproximadamente las doscientas cincuenta. En conjunto, cerca de 850 páginas corresponderían únicamente a ese primer gran arco.
Después de presentar a los protagonistas y ampliar el contexto político e histórico de la Mesoamérica representada en la obra, la siguiente entrega profundizará en los antagonistas y en el conflicto que marcará el futuro de la historia.
Su lanzamiento está previsto tentativamente para 2027, con primavera como primera ventana contemplada, aunque Camilo reconoce que la cantidad de trabajo podría desplazarlo hacia el verano. Después de ese libro pretende continuar desarrollando el universo.
Los personajes
Donají ocupa un lugar especialmente importante. Aquella personaje nacida casi accidentalmente para una tarea escolar terminó convirtiéndose en su favorita, en uno de los rostros más reconocibles de su obra e incluso en la imagen con la que muchos de sus seguidores identifican al propio Shi-Gu.
Y quizás exista cierta coherencia en todo aquello. Un nombre inventado por un niño terminó convirtiéndose en una identidad artística.
Una tarea escolar terminó produciendo uno de sus personajes más importantes.
Un proyecto pensado para practicar terminó transformándose en una historia de cientos de páginas.
Y un webcómic que Camilo publicaba semana tras semana en internet terminó siendo descubierto desde Estados Unidos y convertido en una novela gráfica internacional.
Para quienes empiezan a crear, su consejo vuelve precisamente al lugar donde comenzó su propia historia: hacer aquello que resulte divertido, trabajar sobre lo que realmente apasiona y no tener miedo de compartirlo.
Publicar incluso cuando uno todavía considera que su trabajo no está listo.
Experimentar.
Conocer a otros artistas.
Escuchar.
Continuar.
Después de casi veinte años compartiendo trabajo en internet, desde aquellas primeras animaciones de Newgrounds hasta Codex Black, la trayectoria de Camilo Moncada demuestra que una obra no necesariamente comienza cuando aparece en una librería.
A veces empieza mucho antes.
Y, en el caso de Shi-Gu, aquella historia todavía está lejos de terminar.
Escucha la entrevista completa con Camilo Moncada (Shi-Gu) y descubre, en su propia voz, más sobre su trayectoria, su proceso creativo y el universo detrás de Codex Black.