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Bantura Toons: La joven promesa

Bantura Toons es un proyecto cultural y creativo mexicano encabezado por Jeff Bantura, “Sombrero Negro”, dedicado a la creación de contenidos colaborativos en distintas ramas de las artes.

Animación, literatura, música, dibujo, pintura, humor, narrativa audiovisual y desarrollo de personajes conviven dentro de una propuesta que todavía se encuentra en construcción, pero que tiene una ambición definida: crear historias, reunir artistas y llevar sus proyectos a tantos medios como sea posible.

Jeff se presenta como fundador del proyecto y describe Bantura Toons como una iniciativa de arte audiovisual y literario que trabaja junto con distintos creadores. Aunque buena parte del contenido disponible hasta ahora se ha desarrollado alrededor del humor, su objetivo principal se encuentra en la animación y en la capacidad de contar historias mediante diferentes disciplinas artísticas.

No pretende detenerse en una sola. Precisamente ahí aparece uno de los principios que mejor definen al proyecto:variedad.

Un proyecto que no quiere elegir un solo arte

Mientras algunos proyectos creativos construyen su identidad alrededor de una disciplina específica, Jeff imagina Bantura Toons como un espacio mucho más amplio.

Animación, música, pintura, literatura, cómic, video.

Incluso videojuegos o cine si algún día las condiciones lo permiten.

Para él, las distintas expresiones artísticas no compiten entre sí. Son herramientas diferentes para transmitir una misma cosa: emociones e historias.

Humor, terror, suspenso, romance, tristeza, reflexión o simplemente diversión pueden convivir dentro del mismo universo creativo.

Antes del canal hubo plastilina

Mucho antes de pensar en una productora, un canal o una empresa creativa, Jeff ya construía mundos. Su acercamiento con el arte comenzó durante los primeros años de su infancia.

No creció teniendo acceso constante a juguetes, películas o entretenimiento, pero contó con algo que terminaría siendo mucho más importante:

imaginación.

Con apoyo de sus padres comenzó a trabajar con plastilina y materiales similares. Una de las primeras figuras que recuerda haber creado fue un pequeño cocodrilo.

Después llegaron los peluches, y con ellos, las historias.

Los juguetes recibían nombres, personalidades, aventuras, enemigos y mundos. Aquello que comenzó como una manera de entretenerse terminaría convirtiéndose, años después, en uno de los pilares de su trabajo. Narrar, inventar y dar personalidad a aquello que no la tenía.

Entre las influencias son autores y cineastas muy diferentes entre sí. Guillermo del Toro ocupa un lugar especial; también H. P. Lovecraft y películas que marcaron su infancia, particularmente Cómo entrenar a tu dragón.

Más allá de una película o escritor concreto, lo importante parece haber sido descubrir que una obra podía provocar algo dentro de quien la observaba.

Ese sentimiento es precisamente el que Jeff quiere reproducir con sus propias historias.

Del primer cómic a cientos de personajes

Sus primeras historias eran considerablemente más pequeñas. Alrededor de los once años creó uno de sus primeros cómics: Las aventuras de Super Spicy, protagonizado por un superhéroe inspirado en la comida rápida.

Además algo que probablemente muchos creadores han experimentado alguna vez: consumir una obra y pensar que determinada escena, personaje o decisión podría haberse contado de otra manera.

Conforme aumentaron sus lecturas, películas, referencias y experiencias personales, sus narraciones también comenzaron a hacerse más complejas.

Hoy asegura tener en desarrollo más de trescientos personajes, aunque la cifra continúa cambiando conforme expande sus proyectos.

Cuando apareció el equipo

Bantura Toons tampoco nació exactamente en su forma actual.

Jeff cuenta que desde pequeño imaginaba la posibilidad de algún día crear una gran compañía. Con el tiempo fue formando distintos grupos de amigos y colaboradores, hasta encontrar parte de quienes actualmente integran su círculo creativo.

El punto de partida concreto fue una película.

La intención original del canal era trabajar en ese proyecto audiovisual; sin embargo, una de las personas involucradas terminó alejándose y Jeff se encontró con algo curioso: ya había reunido gente dispuesta a crear.

Pero el proyecto para el que se habían reunido ya no existía de la misma manera.

La pregunta fue inevitable:

¿y ahora qué hacemos?

La respuesta terminó convirtiéndose en Bantura Toons. En lugar de abandonar al equipo, decidió utilizar esa estructura para desarrollar el proyecto creativo que llevaba tiempo imaginando.

Con el paso del tiempo comenzó a conocer artistas de distintos entornos y el concepto dejó de ser solamente una plataforma para las ideas de su fundador.

Jeff insiste en que esa parte es importante.

No quiere que quienes entren al proyecto existan únicamente para ejecutar sus historias.

También quiere que tengan espacio para desarrollar las propias.

De hecho, utiliza una palabra mucho menos empresarial para describir la relación que se ha formado entre algunos de sus colaboradores: familia.

Ser joven y querer hacer algo grande

Pero decir que se quiere crear una productora, desarrollar historias, hacer animación o algún día construir una empresa artística puede provocar una respuesta bastante diferente cuando quien lo dice todavía es muy joven, Jeff lo ha experimentado.

Una parte de las críticas que recuerda no se dirige necesariamente a la calidad de una obra concreta, Se dirige a su edad.

Comentarios como que debería pensar en una “carrera real”, que el proyecto no llegará a ningún lado o que aún es demasiado joven para pensar en algo grande forman parte de los obstáculos que describe.

Para él, ahí existe un problema mayor: el miedo a equivocarse.

Jeff defiende que los jóvenes tienen derecho a intentar, crear, cometer errores y aprender de ellos.

No porque todo vaya a funcionar.

Precisamente porque no todo funcionará.

Algunas ideas fracasarán.

Algunos videos no encontrarán público.

Algunos proyectos tendrán que transformarse.

Otros simplemente desaparecerán.

Pero el fracaso forma parte de aprender a crear.

En contraste con esas críticas, Jeff reconoce que ha recibido un apoyo importante de sus padres, familiares, personas cercanas y docentes que han contribuido a su formación, particularmente dentro de la música.

El proyecto que dejó de ser película

Aquella primera película que detonó parte de la creación del equipo tampoco desapareció por completo. Se transformó.

Actualmente, Jeff contempla la posibilidad de convertir aquella idea en un videojuego.

Todavía se encuentra en desarrollo y no revela demasiado sobre ella, aunque durante la entrevista deja tres pistas bastante particulares: Italia, mutantes y pizza.

No es el único proyecto.

El equipo también ha trabajado en una animación musical cuya música fue desarrollada por Jeff junto con uno de sus amigos, además de otros conceptos todavía en etapas preliminares.

Durante la entrevista Jeff habló de aproximadamente trece historias diferentes en desarrollo, destinadas potencialmente a convertirse en libros, cómics, videojuegos, producciones audiovisuales u otros formatos.

Pero una parte importante de Bantura Toons parece consistir precisamente en eso:

tener demasiadas ideas y descubrir cuáles consiguen sobrevivir al proceso.

Crear mientras se avanza

Jeff no describe su método creativo como un sistema rígido. Las ideas aparecen mientras consume películas, escucha música, conversa con personas o simplemente vive. Una experiencia puede convertirse en un personaje. Una conversación puede generar una escena. Una emoción puede terminar siendo un villano. Y una idea que aparece mientras está acostado viendo el teléfono puede convertirse repentinamente en el final de una serie. Por eso existe una regla bastante práctica: anotarla.

Porque, como cualquier creador sabe, una idea que parecía imposible de olvidar puede desaparecer unos minutos después.

Más que diseñarlo todo antes de comenzar, Jeff parece trabajar construyendo conforme avanza.

El pequeño oso que estuvo primero

Entre cientos de personajes, existe uno particularmente importante.

Un pequeño oso de peluche.

Jeff evita revelar demasiado porque pretende utilizarlo dentro de futuros cómics e historias, pero explica que su origen se encuentra nuevamente en su infancia.

Reír antes de detenerse

El humor aparece constantemente en la manera en la que Jeff habla. También aparece en sus obras. Pero no quiere que todo termine ahí. Su intención es combinar la comedia con momentos de suspenso, tristeza, reflexión o emoción. Después de muchas risas puede existir un silencio. Después de un momento absurdo puede llegar uno serio. Porque la vida funciona de una manera parecida.

Existe espacio para la comedia incluso en momentos complicados, pero también existen situaciones en las que la risa tiene que detenerse. Esa mezcla forma parte de la identidad narrativa que quiere construir. Y aparece con especial fuerza cuando habla de uno de sus proyectos más desarrollados, inspirado parcialmente en el imaginario de los Backrooms. Aunque todavía considera modificar varios elementos y posiblemente incluso el nombre, asegura haber desarrollado ya personajes, recorrido y un final. Lo importante para él no son únicamente los monstruos o escenarios.

Son las emociones.

aprovechar las oportunidades cuando aparecen.

Porque para un proyecto pequeño, una oportunidad puede convertirse en el paso que permita realizar aquello que todavía no puede financiar por sí mismo.

Una compañía, pero a su manera

Cuando se le pregunta cuál es su mayor aspiración, la respuesta aparece rápidamente:

crear una empresa.

Una empresa grande. Pero no necesariamente una empresa construida alrededor de la imagen tradicional de oficinas rígidas, formalismos y ejecutivos vestidos de traje.

Jeff imagina algo distinto. Una organización donde el arte conserve cierta libertad.

Donde los creadores puedan trabajar sin perder la personalidad que los llevó hasta ahí.

Donde una reunión creativa no tenga que parecer una junta corporativa únicamente porque ahora existe una compañía detrás.

Su objetivo es mantener el proyecto independiente. Está abierto a colaboraciones con artistas, estudios y empresas, pero no contempla como sueño final simplemente vender Bantura Toons a una compañía más grande.

Quiere construir la suya. En ese futuro aparecen dos nombres que menciona durante la conversación:

Bantura Toons y una posible estructura empresarial más amplia alrededor de Jeff Bantura Entertainment. Cuál de ambos terminará definiendo aquella compañía todavía pertenece al futuro. Lo importante es la intención.

Colaborar con quien tenga una historia

Creatividad, libertad y un poco de rebeldía

Cuando se le pregunta qué legado le gustaría dejar, Jeff resume buena parte de su filosofía en tres ideas:creatividad, libertad y rebeldía.

No una rebeldía entendida como destruir por destruir.

Una rebeldía contra las etiquetas que determinan demasiado pronto quién puede hacer qué.

“Eres demasiado joven.”

“No puedes.”

“Eso no es una carrera.”

“Eso no va a funcionar.”

Su respuesta consiste esencialmente en intentar de todas formas.

Jeff quiere que quienes conozcan su trabajo entiendan que equivocarse no significa terminar.

Que un proyecto puede fallar y convertirse en otro.

Que un personaje nacido de un juguete puede sobrevivir durante años.

Que una película cancelada puede terminar inspirando un videojuego.

Que un canal de humor puede convertirse algún día en una productora.

Y que una persona que todavía está aprendiendo no tiene que esperar a sentirse completamente preparada para empezar.

Porque probablemente ese momento nunca llegue.

La joven promesa

Bantura Toons todavía está escribiendo sus primeras páginas.

No existe una filmografía enorme detrás.

No existe una multinacional.

No existe todavía el catálogo completo que Jeff imagina.

Existen ideas.

Personajes.

Amigos trabajando juntos.

Historias en desarrollo.

Errores.

Limitaciones.

Y una enorme cantidad de planes.

Pero también existe algo indispensable:

ganas de hacerlos realidad.

Al final de la entrevista, Jeff vuelve constantemente hacia la misma dirección.

Avanzar.

Aprender.

Aceptar los errores.

Disculparse cuando sea necesario.

Dejar de vivir atrapado por aquello que salió mal.

Y continuar creando.

Su mensaje final probablemente explica mejor a Bantura Toons que cualquier descripción empresarial:

caminar hacia el futuro.

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